Las grandes historias nunca terminan

Un antiguo comienzo...

Caían gotas de agua en su cabeza, estaban, como la mayoría de días, heladas. Cerraba sus ojos imaginando cómo sería este día, con qué palabra saludaría, con qué ánimo debería entrar a aquel sitio acostumbrado a lo mismo: a lo equilibrado y monótono; terminó por no sostener ninguna decisión, de tantas opciones. Se vistió con la misma metodología que empleaba desde que estudiaba, ninguna variación significativa.

Estaba dubitativa y ansiosa, ¿cómo sería este año escolar? ¿Cumpliría sus metas de año nuevo o sólo le diría a su mente excusas para atenuar el compromiso propio? ¿Lograría cambiar aquel defecto que la venía atormentando desde años atrás? Allí era donde radicaba la gran problemática, no podía confiar en ella, no podía asegurarse de sí misma ni de sus pequeñas promesas lanzadas al eco de un cuaderno vacío que cumplía la función de "Diario".

Escuchó el sonido de un automóvil, que solicitaba su presencia para arrancar hacia un destino ya conocido. Se limitó a salir y a esperar demasiado de aquel día. Al llegar, pensó que por lo menos habría algo diferente en ese lugar, sin embargo, era como si el tiempo se hubiera congelado, como si cada individuo estuviera programado para actuar de igual modo, de forma similar a como era cada inicio de año. Cada maestro, cada momento pasado, seguía allí, reproduciéndose paulatinamente en su mente, como si hubiese ocurrido dos días antes. El instante en el que vio a sus amigas fue motivador, fue lo único capaz de convertir ese día en un verdadero inicio de año: sus sonrisas, sus ojos brillantes y nerviosos.

Al llegar a su casa, lanzó una mirada a la nada y contestó aquella cuestión planteada abajo de la regadera: El día sería normal, nadie estaría feliz o triste, ansioso o sereno, sonriente o callado. A la conclusión a la que llegó aquella chica sin nombre era simple, la presión momentánea era el único cambio que sentía. Era un nuevo inicio, para ella y para todos, sólo quería cambiar lo que no le gustaba, y demostrar que podría con todo aquello que conminara su equilibrio y paz.

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